jueves, 20 de noviembre de 2008

El perdon que viene de Dios

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Por Daniel Dañeiluk

Blog El Ojo Protestante

En innumerables ocasiones tuve la oportunidad de escuchar a cristianos que cargan con una gran amargura por no poder perdonar. Tal es la magnitud de este conflicto, que sus vidas se ven, no solo afectadas, sino también condicionadas por el problema.

Esta situación de experiencia interna, afecta todas las esferas de la persona, especialmente las afectivas y volitivas, tanto en las conductas como en el desarrollo individual. Puede llegar a deteriorar las relaciones interpersonales, inclusive a determinar el futuro de los más allegados.

Generalmente, la cuestión pasa por el resentimiento a un tercero, o a su recuerdo si es que éste ya no está vivo. Pero otras veces, la persona no puede perdonarse a si misma.

De manera que estamos en presencia de un problema mayúsculo.

La Iglesia no es ajena a esto, ni debe serlo. La Biblia trata el tema desde una perspectiva amplia y a la vez profunda.

El problema es que, ocasionalmente, nos encontramos con líderes que son estrechos y superficiales. No entienden, echan la responsabilidad sobre el hermano o hermana que desea perdonar pero no puede, que sufre por ello, haciéndolo sentir culpable, pecador. Así, un pobre creyente, que ingresa al camino del Señor, con un pasado de gran dolor, puede llegar a tener la idea errónea que Dios no responde sus oraciones, que le sobrevienen enfermedades, quebrantos económicos, etc. porque no perdona.

Afortunadamente, muchos pastores de hoy en día han ampliado su visión y se van dando cuenta de la magnitud del problema, y ensayan estrategias para enfrentarlo, aunque algunas veces, aplicando alguna formula que fuera grandemente exitosa, entendiéndola pero sin llegar a comprenderla. Entender es poder explicar el “como”, comprender es poder explicar el “porqué”.

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